Trabajo no remunerado de mujeres vale más que el petróleo o el turismo

No reciben premios, ni aparecen en las portadas de las revistas. Son tan invisibles que no se les reconoce –mucho menos se les retribuye económicamente– por el trabajo que hacen: cuidar de otros, limpiar el hogar, cocinar y ahora gracias a la COVID-19, hasta son maestras de sus hijos e hijas.

Si las mujeres mexicanas que realizan estas labores recibieran un salario mínimo por su trabajo, generarían 4.1 billones de pesos al año, equivalente al 17.7% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Esto es, incluso, más de lo que generan industrias como las del turismo (9%), la construcción (7.6%) o el petróleo (3.2%). 

Además, si a las mujeres se les pagara un salario mínimo por estas actividades, obtendrían casi 60 mil pesos al año (es decir, en promedio, 5,000 pesos mensuales). Mientras que los hombres ganarían 22,390 pesos anuales (1,865 pesos mensuales), según las estimaciones del INEGI.

Las labores domésticas no están en el ecosistema económico, porque históricamente se asumen como parte de lo que significa ser mujer en nuestro país, invisibilizando su trabajo y justificando que no sea retribuido, nos explica la economista Eufemia Basilio Morales, integrante del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

A pesar de haber sido invisibilizadas por generaciones, estas labores “son el motor que mueve gran parte de la economía del país, y si las mujeres no las hicieran, el Estado tendría que pagar por estos servicios un costo muy alto. Es su obligación valorarlos y reconocer que son un trabajo”, nos dice Basilio.

Ahora con la pandemia por la COVID-19, las casas se han convertido en escuelas y oficinas al mismo tiempo, lo que aumenta la carga de trabajo para mantener los hogares limpios y funcionales. Esta carga es asumida principalmente por las madres, hijas y hermanas de cada familia. 

Antes, las mujeres trabajaban en las labores domésticas, en promedio 9 horas al día, de acuerdo con el informe Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado de los Hogares en México del INEGI. Ahora, sus horarios aumentaron en 50%, es decir ahora son 18 horas, lo que hace que estén laborando todo el día, desde que despiertan hasta que se van a la cama, nos dice la Dra. Julia Chávez, coordinadora del Centro de Estudios de Género de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM.

“A todo esto se suma la presión que significa tener que cumplir con todas las obligaciones”, apunta Chávez.

Dado que, con la cuarentena los miembros de la familia pasan más tiempo en casa, ésta se ensucia más y se tiene que limpiar más frecuentemente. Además, hay que sumar la escuela a distancia, que ha sido un dolor de cabeza para muchas, pues se siguen sumando cargas y estrés al día de las mujeres, nos dicen las expertas.

“Estas tareas afectan principalmente los derechos laborales de ellas, pues las empresas no respetan los horarios laborales, y no se toma en consideración los otros múltiples trabajos que las mujeres hacen al cuidado de sus hijos o de su familia”, nos explica la abogada laborista Angélica Gozález, quien también es integrante de la Campaña Trabajo Digno.

¿Qué se puede hacer para que las mujeres no sean orilladas a sufrir las consecuencias de esta desigualdad? 

En Uruguay, por ejemplo, se están impulsando leyes de seguridad social para que las mujeres que estén en la informalidad tengan acceso a los mismos servicios; en Costa Rica se está abriendo el sistema de salud para que sea realmente universal, y en general, medidas que ayudarían las mujeres deberían tener más facilidades para acceder a prestaciones, como las guarderías o estancias infantiles, nos dice la abogada González.

En la CDMX se impulsó, desde hace dos años, la creación de un Sistema de Cuidados para que existan prestaciones económicas, asistencia en el cuidado en el hogar y centros de apoyo al cuidado para las personas que cuidan de otras personas como adultos mayores o personas con discapacidad, pero hasta ahora no es una realidad.

Las mujeres son quienes cargan las horas extras de trabajo, sin que se les brinden oportunidades económicas ni reconocimiento social o laboral por las tareas que realizan y ahora con la crisis por la pandemia, su situación es más adversa.

Ago 26, 2020 por: Scarlett Lindero

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