Hombres y mujeres juntos podemos acceder a los cambios que hoy se imponen para construir una nueva realidad que diluya su dureza y se abra a una nueva forma.

Construyendo nuevas masculinidades y erradicando las autoviolencias masculinas.

Construir nuevas masculinidades en un mundo que se sostiene por el machismo suena a una tarea bastante complicada, sin embargo, posible. Las nuevas masculinidades apuestan a generar formas alternativas de identidad masculina, donde las actitudes machistas no pueden tener lugar. Las nuevas masculinidades, por ende, aspiran finalmente a generar equidad de género, y deshacerse de los privilegios masculinos para así realmente generar derechos humanos de los que todas y todos podamos gozar.

Lo anterior pasa por cuestionar los roles de género, la divisón sexual del trabajo, los colores en la vestimenta, los gustos, las aspiraciones, la apariencia física, los cuerpos, la paternidad, la sexualidad y demás, implicando así la necesidad de pensarse a sí mismos. Esta tarea, no obstante, no resulta fácil. La construcción tradicional de la masculinidad ha sido un proceso que a los hombres –como el machismo con las mujeres- casi que se les impone desde pequeños, por lo que la han perpetuado sin detenerse a someterla a análisis.

Construir nuevas masculinidades basadas en la equidad y el respeto mutuo es el futuro, por eso aquí hablaremos sobre algunos puntos y consideraciones a la hora de deconstruir la identidad masculina tóxica para gestionar una nueva más justa.

Una de las características más notorias en los hombres es la negación de los sentimientos que pudieran dar a entrever “debilidad”. Todo lo relacionado con la tristeza, el dolor y la nostalgia pareciera estar bloqueado porque desde tempranas edades a los niños se les enseña que mostrar sus sentimientos no está permitido. Obviamente algo importante de deconstruir es esta noción de lo que se asume como “fortaleza” y lo que realmente significa la “debilidad”.

Otra fuerte actitud a deconstruir es la homofobia. La homofobia cobra la vida de muchísimos hombres en el mundo, y sólo demuestra que la masculinidad tradicional es muy vulnerable en el fondo. La homosexualidad resulta “peligrosa” porque cuestiona el concepto de masculinidad hegemónica. Contemplar hombres expresando amor entre ellos o afirmando la sexualidad de sus cuerpos es un atentado a la masculinidad convencional y resulta, además, una amenaza para el concepto de familia tradicional.

Por otro lado, el lugar del hombre en el mundo ante las mujeres, pero también ante los demás hombres y ante sí mismo, constituye otro de los temas importantes a revisar. Quizá el caso más obvio de todos sea el machismo que subordina a las mujeres a los hombres y a los hombres no heterosexuales a una normativa heteropatriarcal de la cual también son víctimas. Sin embargo, uno de los temas más importantes para transitar de una masculinidad hegemónica, tóxica por más señas, hacia una masculinidad sana, nueva, regida por el respeto al otro, es aquel que enfrenta al hombre consigo mismo; se trata de una tarea de introspección pues sin ella resulta imposible plantearse el problema de fondo, mismo que responde a la pregunta ¿qué tipo de hombre quiero ser?

Aquí las respuestas serían de dos tipos: o bien un hombre promotor de violencias, desde las más sutiles hasta las más oprobiosas, o bien un hombre que intenta todos los días deconstruir todo lo aprendido para imaginar y construir un mundo más justo para sí mismo y para los demás humanos con los que coexiste y de los cuales también depende.

La moneda está en el aire.  De la misma manera que las autoviolencias femeninas implican el entender que las mujeres llevamos alguna responsabilidad en la reproducción del machismo, las autoviolencias masculinas, promovidas por un ejercicio insconsciente del mismo machismo, solo son posible erradicarlas si se comprende primero la responsabilidad que los hombres llevan en ellas al también reproducirlas.

La masculinidad tradicional no es un valor esencialista, sino una construcción social, y como tal, puede ser redefinida y renovada. La construcción de nuevas masculinidades necesita de la deconstrucción del concepto actual de lo “masculino” para empezar a generar uno que incluya la realidad de todos los hombres, no la de sólo unos cuantos. Las masculinidades son tan diversas como los hombres en el mundo, pero la realidad es que gestionar nuevas masculinidades no es sólo una cuestión de aceptar la diversidad masculina que existe; es una cuestión de igualdad para los demás géneros.

Para que el hombre deje de ser el género dominante, es necesario intervenir en las fuerzas que determinan la construcción del poder masculino, donde la deconstrucción de la masculinidad implica la desarticulación de algunas estructuras que históricamente han permitido y promovido la dominación del hombre. De nada sirve que los hombres intenten crear nuevas masculinidades igualitarias si en el círculo laboral/familiar/social les cierra las puertas para incorporarlas. Por eso, aunque el cambio necesario empieza en nosotros, definitivamente, es necesaria la transformación de las estructuras sociales y culturales en las que se asienta el sistema heteropatriarcal. Solo así la erradicación de las autoviolencias masculinas –y también las femeninas- cobrarán verdadero sentido al interior de una sociedad, por fortuna, cada vez más consciente de la necesidad de la equidad en materia de género.

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