Autoviolencias: el camino de la inconsciencia y el dolor. Segunda parte.

Como se dijo en el texto anterior, para identificar las autoviolencias se hace necesario primero entender que las reacciones dolorosas que experimentamos ante ciertos sucesos tienen un componente básico de incomodidad o malestar con nosotr@s mism@s. Por eso es que la identificación y corrección de autoviolencias es una tarea íntima, personal, que requiere de todo nuestro esfuerzo para horadar con valentía el muro de lo evidente.

Cuando hablamos de autoviolencias, nos referimos concretamente a aquellas violencias cuyos nocivos efectos están en nuestras manos dejar de sentir. En la medida en que nos percatamos de que las reacciones emocionales con las que enfrentamos el mundo y sus múltiples sucesos son reacciones que nos dañan, que nos lastiman fundamentalmente a nosotr@s mism@s, hay que estar conscientes de que la solución a ellas está en nosotr@s mism@s también.

Estas reacciones nos interpelan en lo más hondo de nuestro ser y por ello no deben ser confundidas con un malestar pasajero o una incomodidad repentina. Se trata más bien de reacciones que nos acompañan siempre, en menor o mayor grado de despliegue o intensidad, porque siempre aparecen más o menos de la misma manera ante sucesos similares.

Dicho esto, se hace necesario poner atención especial a nuestras reacciones y comprender si estas son más o menos de la misma naturaleza. Sin prestar atención a nuestras reacciones resulta imposible comenzar a andar el camino de la identificación de las autoviolencias. Si es necesario, se recomienda escribirlas; quizá llevando una especie de diario donde podamos asentar nuestras reacciones emocionales dolorosas o incómodas, así como un registro de los sucesos que las detonan. Al cabo de un tiempo, si se relee ese diario será posible ver –con visión comparativa, además- cuáles son las semejanzas y diferencias que presentan nuestras reacciones ante los diferentes sucesos.

Identificar las autoviolencias lleva tiempo. Hay que considerar que son procesos naturalizados desde y en la experiencia de vida de cada persona; de manera que no es nada fácil romper el velo de lo que creemos natural, de lo que hemos hecho toda la vida, de la manera en que hemos aprendido a reaccionar ante determinados acontecimientos. Pero mientras no lo hagamos, continuaremos procurándonos dolor a nosotros mismos.

No implica esto que la identificación y corrección de las autoviolencias es la solución a todos nuestros problemas. No. Y es necesario dejarlo claro. Lo que sí hace posible la identificación y corrección de las autoviolencias es enfrentar los problemas desde una posición distinta a la que siempre sostenemos; lo que constituye un paso a favor de la conducción de nuestra propia vida.

Dice la gente sabia que si quieres resultados diferentes debes hacer cosas diferentes. Nada más claro, nada más evidente. Sencillo y evidente, pero no fácil, porque nos implica mirarnos a nosotr@s mism@s. Será imposible tener el registro de nuestras autoviolencias si no estamos dispuest@s a pensarnos con seriedad y honestidad, porque el origen de las autoviolencias están en los circuitos emocionales que hemos labrado durante toda nuestra experiencia de vida; y ahí debemos ir a buscarlas si queremos ser dueños de nosotr@s mism@s, que es una especie de autosanación.

Como las autoviolencias son procesos incubados probablemente desde la infancia, no es correcto culpar al otro de cómo nos sentimos. Esto no implica que el otro no tenga responsabilidad alguna, pero parte de lo que se logra al menos con la identificación de las autoviolencias es delimitar hasta dónde el otro y hasta dónde nosotr@s somos responsables de lo que nos pasa.

La identificación de las autoviolencias, además, permite trastocar los roles que nos asignamos en estos casos. Por lo general, las autoviolencias tramitan nuestra falta de responsabilidad en el asunto, ocultándolas o simulándolas; y esto paradójicamente suele causar cierto alivio. Echarle la culpa al otro de lo que nos pasa es siempre una manera de delegar en los demás nuestra falta de responsabilidad, específicamente en el manejo de nuestras reacciones emocionales y si estas nos dañan, con más razón, el otro es siempre el culpable.

Emprender el camino hacia la identificación y corrección de las autoviolencias nos hace ver esa parte fea de nosotr@s mism@s. Hay que estar dispuest@s a enfrentarla.

Veámoslo en la siguiente entrega.

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