Solidaridad: oportunidad en la crisis del coronavirus. 2nda. parte

Es justo por los casos de los que hablamos en el blog pasado, (solidaridad-oportunidad-en-la-crisis-del-coronavirus-1era-parte) que la sociedad debe ser solidaria. Es necesario crear consciencia sobre el riesgo que el coronavirus tiene para estas personas, y es necesario también implementar algún tipo de estrategia comunitaria para impedir que estas personas se contagien. Por eso es que hablo de oportunidad para ejercer la solidaridad.

Muchos de nosotros nos hemos quejado de la indolencia generalizada en el mundo que hoy vivimos, aunque la fuerza del individualismo contemporáneo –muy vinculada a la indolencia antes dicha- nos ha traído consecuencias tanto positivas como negativas. Hoy se abre una oportunidad para hacer de lo positivo una realidad en beneficio de otros. En suma: la pandemia del coronavirus exige que seamos solidarios con la población más vulnerable, que en muchas ocasiones suele ser también la más vulnerada.

El sector de los adultos mayores, conocido como el sector de la tercera edad, es una población típicamente vulnerable por su condición de salud. Es a ellos fundamentalmente a quienes tendríamos que cuidar. Son ellos los que tienen riesgo de perder la vida por este virus minúsculo que se contrae rápido pero que en personas sanas no deja muchas molestias ni problemas durante ni después del contagio.

Seamos solidarios entre nosotros mismos. Quizá sea la mejor manera de poner sobre la mesa las virtudes del individualismo. Actuemos. Es posible organizarse a nivel micro-barrial y dar cuenta de ello a las autoridades. Adoptar a un vecino en condiciones de salud vulnerable pude contribuir a que no salga a la calle donde se expone al contagio. Podemos ir a comprar su leche, su medicina, estar atentos por si requieren algún otro tipo de servicio, incluso especializado y canalizarlos en la medida de lo posible, teniendo siempre presente las medidas de precaución necesarias. Todos sabemos quiénes son nuestros vecinos lo que permite reducir la incidencia delictiva que a unos cuantos vivales –que nunca faltan- se le pudiera ocurrir a propósito del desconcierto general de la pandemia.

Según las estadísticas, los niños y jóvenes tienen pocas probabilidades de enfermarse de forma severa; para el caso de los adultos y los jóvenes adultos es similar. Obviamente, esto resulta correcto si estos niños, jóvenes, jóvenes adultos y adultos están previamente sanos, o sea, si su sistema inmunológico está en condiciones óptimas o buenas, de manera que si se contagian de coronavirus la enfermedad pasará por ellos sin mucha relevancia y una vez inmunes, incluso, podrían ayudar también.

La crisis de salud por el coronavirus tiene carácter mundial. Sus soluciones, en algunos casos dramáticos como España e Italia, están rebasando a las naciones. No tiene por qué ser igual en México, pero tampoco tiene por qué no serlo. Podemos perfectamente colocarnos en una situación parecida y lo óptimo en estos casos es que gobierno y sociedad trabajen de la mano.

Hay cosas, pequeñas pero trascendentales, que es posible hacer desde nuestro lugar. Las medida de higiene son una de ellas. Extrememos un poco esas medidas. Tratemos de mantenernos sanos por nosotros y por los demás. Esto nos permitirá ayudar: esa linda oportunidad de dar a los otros sin nada a cambio, de reciprocar la bondad y poner en práctica la responsabilidad que el individualismo contemporáneo precisa de echar a andar. Esta es una oportunidad inmejorable. Actuemos de manera conjunta, responsable y solidariamente. Pensemos colectivamente en la mejor manera de ayudar a quien tenemos al lado. Como en los aviones, colóquese usted primero la mascarilla para poder ayudar a los demás que siempre lo necesitan.

La mascarilla ahora es evitar en lo posible el contagio, todos, no solo las personas vulnerables; pero es preciso estar conscientes de que si no nos encontramos en ese porciento de la población que sí corre riesgo hasta de muerte, si nos contagiamos no nos pasará más que lo que nos ha pasado cuando tenemos gripa. Seamos consciente de ello y actuemos organizada y coordinadamente en la comunidad vecinal para ayudar a los que sí lo necesitan sin saturar el sistema de salud que no está preparado suficientemente para gestionar una pandemia como esta. Todos estamos aprendiendo. Hagámoslo bien.

Sociedad civil no organizada, es tiempo de organizarse para mantener la salud nuestra y la de los demás. Es tiempo de ayudar, de fundar comunidad.

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