Lecciones “bondadosas” para el capitalismo de hoy

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El capitalismo es un sistema económico y social que se basa en la privatización de los medios de producción, es decir, de todos aquellos recursos con los que se llega a generar riqueza. Ello finalmente deriva en la acumulación de capital en manos de un sector privado muy bien delimitado y pequeño, así como en la explotación de la fuerza de trabajo, es decir, de los trabajadores. Quizá la crítica más evidente al capitalismo sea lo paradójico de su condición: mientras que los recursos para generar riqueza están en manos de privados, la fuerza de trabajo es colectiva; de este modo, mientras que el capitalismo se genera y se mantiene con el trabajo de la mayoría, el disfrute de las riquezas generadas sólo es para una minoría. Definitivamente este sistema es el principal autor de la crisis social y ambiental que vivimos día con día de manera cada vez más inminente, y es por lo mismo que resulta urgente repensar el papel del capitalismo en nuestras sociedades contemporáneas, y quizás incluso, reformularlo con algunas lecciones de bondad.

Aunque pareciera imposible hablar de un capitalismo “bondadoso” o sustentable para el ambiente y para las sociedades, analizar las principales formas bajo las que el capitalismo opera permite señalar una brecha de oportunidad. La principal “maldad” del sistema capitalista es que nunca ha sido empático con los trabajadores, quienes con su trabajo producen la riqueza. En otras palabras, el capitalista poco o muy poco se pone en los zapatos de los trabajadores. Y es que los capitalistas buscan la ganancia económica, y además –que es lo más importante- buscan acaparar la mayor cantidad de bienes y riquezas para beneficio propio, lo que resulta inversamente proporcional a su distribución justa y equitativa entre todos los miembros de la sociedad. Este es el esquema que provoca la terrible desigualdad que padecemos hoy en día como país, pero claramente traspasa las fronteras nacionales. Así, mientras unos tienen mucho más de lo que podrían consumir a lo largo y ancho de toda su vida, otros ni siquiera pueden sustentar sus medios de vida.

 

campesino

Con lo anterior, una de las lecciones esenciales para repensar el capitalismo como sistema económico y social que nos rige, sería hacer de esta minoría tan poderosa, personas más empáticas y bondadosas. La capacidad que tiene la bondad humana para autotrascenderse y, por lo tanto, para cambiar el rumbo de las sociedades es enorme, pero pasa por una reflexión personal y colectiva sobre la acumulación de riqueza que generamos todos para el disfrute de la misma por algunos pocos. Avaricia y codicia son los nombres que definen lo anterior en su grado extremo; pero en el fondo, cualquier acto de esta naturaleza revela siempre una falta de empatía.

Ello provoca a su vez el surgimiento de la apatía y el egoísmo a nivel social, donde el otro –el obrero, el campesino, el indígena, los que siempre tienen y han tenido menos- deja de ser importante hasta el punto incluso de la indolencia. Es esto lo que provoca la fractura del tejido social, generando una competencia desigual y desleal cuyo resultado más palpable es la indiferencia.

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Hoy en día podemos notar que es nuestro planeta, incluso, uno de los que sufren esta indiferencia, y esta nos afecta a todos: tanto a aquellos que ponen el dinero para producir riqueza (los capitalistas) como aquellos que hacen producir dicho dinero por medio del trabajo (los trabajadores). Todos vivimos en este mundo; no hay otro. Y la falta de empatía y bondad con la naturaleza y el otro está destinado a generar no sólo más violencia –dada a su vez por la propia escasez de los recursos y oportunidades debido a la desigualdad de la distribución de riqueza que antes se ha apuntado-, sino una pérdida generalizada de la calidad de vida.

Desde los inicios del capitalismo han existido grupos en resistencia a este sistema, los cuales funcionan y sobreviven porque trabajan colectivamente para y por el bien común. Y es que el bien común es un acto comunitario, es decir, una manera de hacer comunidad que es, además, un acto de bondad, quizá el más puro. Cuando haces el bien, incluso sin ninguna intención más que cuidar y procurar de los tuyos, estás trabajando por un mundo mejor para ti y para los otros.

trabajador

Es muy difícil – si no es que imposible, bajo las actuales condiciones globales- pensar en un capitalismo sustentable o bondadoso, porque cualquier relación de poder estrictamente vertical como lo es el capitalismo, implica sometimiento de una parte sobre otra. Sin embargo, el simple hecho de intentar cambiar ciertos patrones de relación humana a través de ser mejores personas con el otro, ya es un paso hacia un mundo más justo.

Empezar a ser empático con nuestros iguales y promover la bondad como forma de relacionarnos, es el inicio para cambiar todo lo malo que tiene este sistema capitalista donde al parecer –a falta de ofertas mejores- estamos condenados a vivir.

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