El trabajo infantil también ocurre en las ciudades

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La necesidad de las familias de proveerse de ingresos extra que permitan elevar su nivel y/o calidad de vida, hace que éstas tengan que recurrir a los infantes para saldarla. Tristemente, como los infantes resultan ser una fuente de ingresos a través del trabajo, de alguna manera las familias se ven obligadas a emplearlos, haciendo de ello un recurso recurrente.

Así, la razón más común por la cual los infantes trabajan es para aportar económicamente a sus familias, sustentar los medios de vida o pagarse los estudios propios. Las familias pobres, por ejemplo, tienen condiciones de vida muy complejas, lo que hace imprescindible el trabajo infantil para que éstas puedan subsistir (OIT, 2003).

En las zonas urbanas, la situación del trabajo infantil de los niños y niñas mexicanas es un poco diferente al de las zonas rurales; en la ciudad, por lo general, los trabajos suelen ser menos intensos que el trabajo del campo, o bien el trabajo en las minas que también es frecuente. Por ello, las jornadas laborales en la ciudad son más cortas, lo que abre la posibilidad para que los infantes puedan asistir a la escuela de forma más frecuente.

Children are forced to work construction., Violence children and

De hecho, en las zonas rurales la razón por la cual los infantes trabajan es predominantemente familiar: “el hogar necesita de su trabajo”, y en muchas ocasiones este trabajo en el hogar campesino no es remunerado, aunque sí reconocido. Pero en la ciudad, la razón predominante para avalar el trabajo infantil guarda relación con el pago de los estudios o bien los gastos propios. A diferencia de lo que sucede en los entornos rurales donde el trabajo infantil se percibe como aprendizaje de un oficio (agricultor, artesano, albañil y demás), en las zonas urbanas “aprender un oficio” es dos veces menos importante.

Otra diferencia respecto al trabajo infantil en las ciudades y en el campo es que los niños y niñas que viven en las ciudades suelen trabajar para “no asistir a la escuela”, lo que revela una compleja ecuación ya que los infantes de las zonas urbanas, cuya posición urbana les permite una mayor probabilidad de asistir a la escuela, son los que menos quieren hacerlo, a contraposición de los niños de zonas rurales, que, por la distribución y falta de centros educativos, a veces simplemente no pueden asistir a la escuela, aunque quieran.

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Lo anterior revela las diferencias del trabajo infantil en zonas urbanas y rurales, lo que implica tener en cuenta la implementación de políticas sociales diferenciadas para eliminar o reducir de manera drástica con el trabajo infantil.

Y es que si bien todo tipo de trabajo infantil tiene consecuencias físicas y psicológicas en los infantes, el trabajo en zonas rurales suele ser más intenso en término de fuerza requerida y duración de la jornada laboral, al igual que peor pagado que en relación al trabajo en zonas urbanizadas.

Uno, por supuesto, no es mejor ni peor que el otro. Más bien es indispensable conocer cómo funcionan diferenciadamente los incentivos familiares e incluso infantiles para poder erradicar el trabajo infantil de manera integral. Ambas situaciones son lamentables y debieran no existir, pero ser consciente de la problemática, entenderla críticamente, compartir y difundir la información y mirar el mundo con otros ojos es definitivamente el primero paso para cambiarlo. El trabajo infantil es una forma de violencia, que atenta con el desarrollo de nuestros niños y niñas. No lo permitamos.

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