La famosa y nunca bien ponderada sexualidad. Parte 5/9: Violencia sexual en hombres: el impacto del estigma social en la sexualidad masculina

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Debido a las características de las sociedades donde vivimos, resulta un poco confuso preguntarse si los hombres sufren de violencia sexual; la respuesta es que sí y es muy común. Incluso en nuestras sociedades machistas, ser hombre no basta para evitar acosos y violencias, ya que la masculinidad tiene tantas gamas como hombres en el mundo y eso, para la heteronormatividad (régimen socioeconómico que impone la heterosexualidad como la única sexualidad normal existente), resulta un problema.

Con lo anterior queremos decir que ser hombre no siempre es responder al estereotipo de “macho” con el que tantas veces nos topamos y el cual nos es inculcado social y culturalmente: ser hombre también es llorar, también es expresar sentimientos, es pedir ayuda cuando se necesita, es más que un color azul, e indiscutiblemente no tiene absolutamente que ver con sentirse sexual o emocionalmente atraído por otro hombre. Ser hombre sólo es percibirse como tal y por lo mismo, cuestionarse la masculinidad de alguien por su comportamiento, forma de expresarse o preferencias sexuales es un tipo de violencia sumamente frecuente en este sector poblacional.

Con relación a la sexualidad masculina, podemos encontrar hombres cisgénero heterosexuales, hombres transgénero heterosexuales, hombres cisgénero homosexuales y hombres transgénero homosexuales, y aunque aún una gran proporción de la humanidad se niega a aceptar que todas las variantes sexuales de los hombres son válidas y legítimas, es importante saber que efectivamente lo son pues no todos los hombres deciden seguir la heteronormatividad con la que nuestras sociedades pretenden controlar, regular y hasta reprimir nuestra sexualidad. En consecuencia, ser hombre y experimentar la sexualidad libremente, hoy en día es una forma de rebeldía y definitivamente, también, de valentía.

Existen varios ejemplos de la violencia que sufren los hombres, aunque quizás la más evidente es la violencia contra los hombres –tanto cis como trans- homosexuales. Antes de exponer los alarmantes estadísticos, es relevante mencionar que hasta hace apenas 20 años, la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad de la categoría de enfermedades mentales.

El hecho de que alguna vez una característica totalmente personal e individual de los seres humanos fuese comprendida como una enfermedad mental, nos permite analizar desde el presente de nuestro contexto histórico la evidente involución del entendimiento sobre las relaciones humanas que hace veinte años permeaba y que hoy en día, lamentablemente sigue siendo una fuente de agresiones y violaciones constantes.

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El simple hecho de que la homosexualidad en hombres sea un delito en más de 80 países del mundo y que incluso pueda suponer la pena de muerte en algunos países de África y Medio Oriente nos habla de una gravísima violación a los derechos humanos, ya que la sexualidad es una cuestión de carácter individual, allá y en todo el mundo. Sin embargo, no hace falta irse al otro lado del planeta para detectar la agresión contra homosexuales: México sigue siendo uno de los primeros países de América Latina en crímenes de odio por homofobia, donde los varones son las víctimas más numerosas. En el 2017, el 55% de los asesinatos dentro de la comunidad LGBTTTI fueron cometidos contra hombres homosexuales, la mayoría encontrados muertos en sus domicilios, lo que hace referencia a que muy posiblemente sus asesinos sean parte del círculo tanto social como familiar en el que se desenvolvían.

En el 2005, se realizó la primera encuesta sobre discriminación en México, donde el 94% de los hombres homosexuales respondieron que habían sido discriminados por su orientación sexual. El 50% en el ámbito laboral, mientras que el 45.1% fue discriminado en su propio ámbito familiar.

La discriminación por homofobia no sólo conlleva a agresiones y violencias físicas que pueden acabar en asesinatos dolosos, sino que son las agresiones mentales o violencias psicológicas y emocionales las que pueden perdurar por más tiempo. El hecho de que el estadístico anterior mencione que casi la mitad de los hombres homosexuales entrevistados se han sentido discriminados por su propia familia es sumamente doloroso, debido a que esto implica una constante búsqueda por la aceptación, lo cual evidentemente genera estrés y angustias al no lograrlo. No es en vano que se ha documentado que la comunidad LGBTTTI tiene una mayor predisposición a sufrir enfermedades mentales debido a todas las presiones a las que están expuestos y expuestas.

El prejuicio, el estigma y la discriminación generan un ambiente social muy hostil y tóxico donde comúnmente se producen patologías como depresión, ansiedad generalizada, bipolaridad, entre otras. En este sentido, el apoyo familiar y al interior de los círculos sociales es indispensable. La comprensión, la empatía y la ayuda especializada son herramientas de gran fuerza para lograr que todas las personas nos sintamos cómodxs y segurxs en nuestros cuerpos y con nuestra sexualidad.

 

Una vez más y a manera de conclusión, la violencia homofóbica en hombres es una realidad muy cruda de nuestro país y del mundo. Una realidad sustentada por mecanismos de opresión que no permiten que la diversidad exista. En este sentido tenemos que ser muy críticos con nuestra postura, porque estar en contra de que alguien ejerza su sexualidad libre y sanamente, es estar en contra del bien común y de nuestra capacidad de ejercer nuestra propia sexualidad.

Si conoces a alguien que se sienta angustiado por miedo de ejercer su sexualidad y su orientación sexual, o es tu caso personal, busca ayuda y contacta a un especialista. Jamás debemos sentirnos oprimidos por ser quienes somos. La diversidad sexual es nuestro derecho, y también es nuestra obligación hacer que todas y todos puedan disfrutarla libre y sanamente.

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