La famosa y nunca bien ponderada sexualidad. Parte 3/9: La sexualidad en mujeres y hombres.

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Debido a que la sexualidad es un componente identitario de la personalidad, y la personalidad es un rasgo individual de los organismos, podemos decir que la sexualidad se experimenta diferencialmente en todos los humanos. Sin embargo, existen procesos y comportamientos que se pueden clasificar entre los diferentes sexos y géneros existentes.

Antes de comenzar a exponer las características que otorgan un tipo de identidad a la sexualidad de hombres y mujeres, es indispensable decir que habrán hombres y mujeres que no se adapten a lo que posteriormente se expondrá y eso está bien. Esto es debido a que autodefinirse como “hombre” o como “mujer” en nuestras sociedades no es más que un constructo social con límites establecidos; por lo mismo, las personas que no entren en estos límites por supuesto que seguirán siendo hombres y mujeres, pero simplemente no representarán la generalidad de la que se pretende hablar de manera concisa en este apartado, que es la generalidad de las personas cisgénero, es decir, de las personas que se autoidentifican desde el género con su sexo de nacimiento. Por otro lado, para informarnos acerca de cómo hablar de temas de sexualidad de manera más incluyente, así como la diferencia entre sexo y género – lo cual es muy importante para comprender la sexualidad-, sería recomendable consultar los otros textos que hemos e iremos entregando acerca de la relación entre sexualidad y estigma social.

 

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Ahora bien, cuando hablamos de sexualidad, nos referimos a aquel conjunto de desarrollo, tanto físico como psicológico que generan determinadas características sexuales secundarias, comportamiento sexual, deseos, sentimientos y fantasías que se producen en mujeres y que de igual forma sucede con los hombres. Es entonces cuando es relevante preguntarse: ¿qué difiere en términos de sexualidad entre los diferentes sexos?

Principalmente, podemos hablar de características sexuales secundarias, éstas son aquellos aspectos biológicos que comienzan a aparecer con la pubertad, contrario a las características sexuales primarias que hacen referencia a los genitales designados al nacer, donde de igual forma, los femeninos difieren de los masculinos en estructura y posición, ya que los femeninos son internos y los masculinos externos. Esta simple diferenciación fisiológica, conlleva a conflictos culturales, generalmente machistas, que sustentan la desinformación de la mujer hacia sus genitales, debido a que no son visibles como los de los hombres.

En mujeres cuyo sexo es femenino y su género corresponde al mismo (cisgénero), las características sexuales secundarias son observables: el crecimiento de los senos y vellos, el ensanchamiento de caderas, la preparación de los genitales para la reproducción, como es el caso de la menstruación y el conjunto de cambios hormonales que hacen todo lo anterior posible, entre otros, hacen posible hablar de una madurez sexual en términos físicos, biológicos.

En hombres cisgénero, las características sexuales secundarias que se observarán es el desarrollo de vellos más prominentemente, el cambio de voz, el ensanchamiento de la espalda, el ahuecamiento de los tubos seminíferos dentro de los testículos y todos los cambios hormonales que permiten dicho desarrollo.

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Existen teorías que proponen diferencias cerebrales entre hombres y mujeres, las cuales continúan siendo polémicas ya que muchos de estas investigaciones justifican neurobiológicamente la división sexual del trabajo. Sin embargo, hay estudios interesantes donde se observa una clara relación entre el sexo, la influencia de hormonas y las neuropatías, donde el ejemplo clásico es la incidencia de depresión y ansiedad en mujeres. Por el lado del comportamiento sexual, la parte biológica ha dejado de tener un peso relevante, mientras que los ámbitos socioculturales juegan un papel casi decisivo.

La biología de la especie en el caso particular de la sexualidad, se puede basar en diferentes cualidades, como lo son el cortejo, la selección sexual y el cuidado parental. En humanos se puede ver cómo es indiferente lo anterior debido a que los cortejos en humanos son construcciones sociales; por la misma razón no podemos hablar de una selección sexual ya que las características que podrían generar una mayor probabilidad de reproducirnos están socialmente determinadas.

Ahora bien, en contraposición a la selección sexual, sabemos que el cuidado parental en los humanos a lo largo de nuestra historia, ha variado desde el cuidado comunal de los infantes, hasta llegar a las madres y padres solteros de hoy, por lo que incluso ese componente biológico es irrelevante visto desde la realidad humana.

Es el componente sociocultural del comportamiento sexual es el que permea indiscutiblemente en los avatares contemporáneos sobre la sexualidad. Debido a que la mayoría de nuestras sociedades tienen una estructura heteropatriarcal, los comportamientos que pueden tener niños y niñas son completamente distintos entre sí, lo cual genera desde etapas tempranas del desarrollo la dominación femenina por parte de los hombres. Un ejemplo clásico de lo anterior, es el enaltecimiento de los hombres cuando salen con muchas mujeres, y la denigración de las mujeres cuando salimos con muchos hombres. Los comportamientos machistas que pretenden desacreditar la sexualidad libre y sana, tanto para las mujeres como para los mismos hombres pueden generar severos problemas psicológicos, tal y como se expondrá de manera más específica en otras entregas vinculadas a la relación sexualidad y estigma social.

Los deseos, sentimientos y fantasías son una característica individual de las personas que va más allá del sexo de los individuos. Si bien desde nuestras sociedades se nos han hecho creer que éstos son diferentes, insistimos en que ello no es más que una muestra de cómo la ideología machista permea nuestro día a día. Tanto las mujeres como los hombres, jamás deben ser avergonzados por sus deseos o fantasías sexuales, porque son indispensables para eliminar el estigma y hacer crecer una sexualidad libre, respetuosa y sana.

 

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