El Contacto, el miedo, la ira, los bloqueos… Segunda parte

Por Claudia Garibay

Woman hiding her emotions

¿Cómo se manifiestan estas emociones dentro de los diferentes bloqueos?

  • Postergación. Como bien nos explica el Dr. Salama: “saber cuándo algo está terminado requiere de una considerable maestría en el arte de vivir”. Por ejemplo; cuando no nos atrevemos a tomar de decisiones, es por miedo: “qué tal si me va mal…”,  “y, si me arrepiento….”, “más vale malo conocido…”

 
Y, este postergar y no resolver se acumula en un “no merezco” y tendemos a quejarnos de una situación que está en nuestras manos resolver.

  • Desensibilización. Literalmente hay muchas personas que pueden poner el botón del dolor en “apagado” y no hay más.
    ¿Por qué?  Porque tengo miedo a sufrir y como “no me amarán” me aterra el dolor y darle rienda suelta, es como si fuera a salir un torrente de lava que no voy a poder contener.
  • Proyección. He escuchado: esta persona es tonta, dramática, miedosa, etc.  Y, además, es muy fácil culpar a otros, en lugar de tomar las riendas de nuestra propia vida.  Es más sencillo echarle la culpa a alguien, que equivocarnos.: “fulanito no me deja, o no le gusta que…” Esto demuestra, una vez más el miedo que nos da equivocarnos y/o a triunfar y, también la  rabia, por no atrevernos a tomar decisiones.
  • Introyección. Inevitablemente cargamos miles “debo de”  a  lo largo de la vida.  Tenemos una gran necesidad de agradar y de quedar bien, por miedo que nos  rechacen o a que no nos quieran.  Y esto va generando furia contenida, por haber sido o por haber hecho cosas que no nos gustan…
  • Retroflexión. Esta es la vivencia de una compañera: “He padecido insomnio y neurodermatitis desde pequeña. Hoy por hoy sé que tienen que ver con las emociones que he guardado por años, por miedo a decir lo que siento.  En Junio de hace un año, empecé con psicoterapia Gestalt, aproximadamente en el mes de Septiembre empecé a dormir sin químicos.  Literalmente era adicta al Rivotril y tenía años tomando 20 gotas para dormir, además de 1 pastilla que se llama Nocte.  Tuve que ir con un psiquiatra para que me ayudara a quitar esta adicción y tardé un año en reducir las dosis de Rivotril a dos gotas.  Mi terapeuta, me ayudó a trabajar el tema del insomnio, y desde Septiembre del 2015 a la fecha no tomo nada para dormir.  Se me hace un nudo en la garganta mientras escribo esto,  de gusto y de agradecimiento con ella por un logro que nunca había imaginado.
    Con la cuestión de mi piel, tengo dermatitis atípica, mi médico me dice que no es algo que se quite.  Puede que no, sin embargo, ahora presto atención cuando mi piel empieza a arder y observo qué está pasando dentro de mí”.
    Considero que este caso ejemplifica con claridad los estragos que hacen en nuestro cuerpo el aguantarnos, el no actuar, ya que tanto el miedo como la ira no nos permiten actuar; y,  sin darnos cuenta, nos reducen a seres que van por la vida dando tumbos.
  • Deflexión. Enfrentar nuestros demonios no es cosa fácil y evadirnos es la solución.  Cuando el contacto nos asusta, mejor “lo evitamos”, entonces nos escabullimos con la habilidad de ”Houdini”.
  • Confluencia. Vuelvo a lo mismo, por miedo a asumir nuestra responsabilidad (qué tal si me equivoco), mejor hacemos lo que el otro quiera, por miedo al abandono. La terapia Gestalt nos enseña y nos ayuda a expresar lo que realmente sentimos y queremos. Nos ayuda a darnos cuenta de que realmente no pasa nada: YO SOY YO, TÚ ERES TÚ y, ¡a quién no le guste, pues que no le guste!!
  • Fijación. ¡Ah cómo nos clavamos! Y nos torturamos con el “no puedo dejar de pensar…”  Es un miedo terrible a soltar, a ser libre, a perder el control y, simultáneamente,  mucho enojo por no soltar.

Young woman is afraid of something

 

Conclusiones:

El comprender los bloqueos e identificar a las emociones que más prevalecen en nuestro interior puede ser una experiencia muy reveladora. Es

Cuando emociones tales como el miedo y la ira nos rebasan, dejamos de contactar tanto con nosotros mismos, como con el medio ambiente.

Si aprendemos a observar la naturaleza del miedo, observar lo que nos produce internamente, la manera en que nos transforma, es el primer intento para aprender a verlo de frente.  Al hacerlo, su intensidad disminuye y se convierte en algo razonable y manejable.  La idea es no sentirnos sumergidos o atrapados en el miedo, sino atravesarlo, teniendo en cuenta que del otro lado del miedo encontraremos la certeza para seguir creciendo.

Ahora bien,  por otro lado, es fundamental reconocer en nosotros la ira. Ya que, nos provoca  perder la  confianza en nosotros mismos y nuestra energía.  ¡Nos debilita! Es necesario  aprender  a no reaccionar, sino a reconocer la energía negativa de la ira con el fin de que con la consciencia la transformemos  en energía positiva.

No es sencillo admitir nuestro dolor y nuestra desconexión con nosotros mismos; por lo cual como psicoterapeutas debemos estar muy alerta de los “malestares” de nuestros pacientes y desarrollar el único antídoto posible para nuestra visión limitada: “permanecer presentes” con nuestra experiencia tal cual es.  Para conectar con el poder curativo de nuestro interior es preciso que nos permitamos no saber y que establezcamos contacto con nuestra experiencia fresca y viva.

El conocernos a través del ciclo de la experiencia, es una experiencia completamente nueva.  Es como si me pusiéramos frente a un espejo que refleja con una claridad brutal el torbellino de nuestras emociones, pero también nos muestra lo que hay en la otra orilla.

El contacto es la conciencia de lo que necesitamos, de las novedades que ocurren en el ambiente y de nuestro comportamiento hacia ellas.

La conciencia posibilita el darnos cuenta de aquello que vivimos a nivel emocional, corporal y de pensamiento, se da en el presente, en el aquí y ahora.

El trabajo con nosotros mismos es lo único que va a la raíz de una limitada concepción del YO, que es lo que nos impide relajarnos, sumergirnos en nuestro interior, CONTACTAR, para recuperar la esencia de nuestro SER. Es el trabajo terapéutico, el que nos ayuda a comprender, a liberarnos, a tomar conciencia de la imagen devaluada de nosotros mismos y nos brinda las herramientas para desarrollar nuestra naturaleza más elevada.

El trabajo terapéutico es el que nos ayuda a identificar nuestras emociones reales, nuestros bloqueos y, es este despertar pleno el que requiere la entrega del terapeuta. Esa entrega que va acompañada del contacto real y honesto con el paciente, del sentido del humor, del “padecer contigo” el sufrimiento, de renunciar a nuestro ego para estar en empatía con el Otro.

woman drawing a picture, sketch of herself

 

 

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