La mujer y las adicciones. Primera parte

Por Claudia Garibay

Asleep drunk woman holding an alcoholic drink

Algunos temas tales como las tensiones al interior del hogar, la violencia en la familia, la no valoración de su aporte social, la tendencia a ubicarse en un lugar secundario y/o postergado, son temas que adquieren una importancia central en su proceso de adicción.  Las mujeres con dependencia están mucho más expuestas a ser sancionadas y criticadas socialmente, porque, de acuerdo con la socialización sexista, consumir drogas y alcohol está más asociado a lo masculino.  Esto agrava el aislamiento de las mujeres, quienes tienden a ocultar su problema a no pedir ayuda o a postergar el pedirla.

Otra diferencia se observa en la forma de respuesta del otro en la relación de pareja.  En la mayoría de los casos, cuando el consumidor es hombre, su mujer, permanece a su lado, haciéndose cargo de los hijos y participando en su proceso de rehabilitación.  Una mujer que consume alcohol o drogas, es frecuentemente abandonada por su pareja y los hijos se quedan al cuidado de terceros.

La presencia de patologías en la familia, ruptura de lazos, pérdidas, separaciones, conflictos matrimoniales entre los padres, altos índices de violencia y abuso sexual, son situaciones frecuentes vividas por las mujeres consumidoras de alcohol y/o drogas.

Otros estudios realizados, arrojan que el 80% de las mujeres con consumo problemático de alcohol y/o drogas, presenta uno o más diagnósticos psiquiátricos adicionales que a continuación desglosamos:

  • 52% presenta depresión mayor primaria
  • 44% presenta fobia y
  • 14% presenta trastornos de pánico

En relación a trastornos alimentarios y consumo de sustancias psicoactivas en mujeres, se observa:

  • consumo de anfetaminas, laxantes, efedrina, cocaína, cannabis, alcohol, éxtasis, extractos tiroideos.

Un estudio nacional de mujeres en Estados Unidos (Dansky, 2000), en relación al abuso de alcohol, refiere que es más prevalente en aquellas que presentan trastornos alimentarios, particularmente bulimia.  También arroja el dato que el 50% de las mujeres adictas a la cocaína han reportado su uso para controlar el apetito.

Por otro lado, el 53% de las mujeres que consumen éxtasis se ha asociado con alta probabilidad de sufrir depresión, psicosis, dificultades cognitivas y bulimia.

Young woman with drug addiction

Otros factores asociados al consumo de alcohol y drogas:

  • Problemas sexuales
  • Desestructuración familiar: ausencia de atención paterna, madres solteras, familias de crianza inconsistente, de distanciamiento emocional de los padres, con violencia familiar y sexual.
  • Entorno de pobreza y violencia.
  • Falta de oportunidades para estudiar, capacitarse y desarrollarse
  • Crisis de identidad
  • Sensación de soledad y vacío.
  • Presión del hombre para seducirla
  • Temor a ser rechazada
  • Ignorancia acerca de los daños que produce el alcohol y otras drogas

A partir de lo expuesto, es evidente la diferencia entre hombres y mujeres consumidores en la manera de vivir la experiencia, las razones para usar alcohol y drogas, sus problemas psicosociales y sus necesidades de respuesta.

De aquí la necesidad de parte de las propias mujeres, de una respuesta sistemática de la intervención en drogas hacia el establecimiento de programas que tengan en cuenta no sólo las diferencias biológicas, sino también las diferencias genéricas de hombres y mujeres.

Por lo general, las etapas de los programas de tratamiento son:

  1. Desintoxicación ambulatoria u hospitalaria: se refiere a la atención de los síntomas que aparecen como consecuencia de la retirada de la sustancia. Esto se trata dependiendo de la gravedad del problema de dependencia.
  2. Tratamiento: es el proceso en el cual la persona aprende nuevos hábitos, desarrolla mayor conciencia del problema; así como, habilidades personales y sociales para afrontar situaciones conflictivas.
  3. Rehabilitación: es el proceso en el cual la persona se habilita para desenvolverse en su vida personal y social, sin consumo de sustancias.
  4. Reinserción: se refiere a la etapa en que la persona vuelve a integrarse en forma saludable a su entorno familiar y social, para que pueda desempeñarse y desenvolverse de manera autónoma.

Durante el embarazo, muchas mujeres abandonan de manera espontánea el consumo (cigarro, alcohol, drogas), aunque lo retomen una vez que el hijo/a haya nacido.  Al parecer existe un mecanismo de orden biológico y psicológico que permite que la mujer, en este momento, centre su atención en el embarazo.  Este es un periodo muy ventajoso de oportunidad para la intervención de un tratamiento que motive el abandono del consumo.

En la mayoría de los casos tienen menos disponibilidad de ayuda que los varones, los familiares minimizan el problema o, en ocasiones, se oponen a otorgar apoyo permanente y responsable.

Los estudios refieren que las mujeres, en general, tienen serios problemas de autoestima e indicadores de angustia más elevados que los varones; los espacios terapéuticos con grupos de mujeres son un instrumento válido para aumentar la valoración personal y fomentar climas terapéuticos de confianza e intimidad.

Por otro lado, cabe mencionar, que una vez que las mujeres inician un programa terapéutico y reciben apoyo social presentan tasas más altas de egreso que los hombres.

La contención emocional es el primer objetivo de un programa de tratamiento con mujeres; por lo cual una actitud comprensiva y sin confrontación es muy recomendable.  La confrontación puede desencadenar la ira que inhibe la expresión del sentimiento y hace probable que huya o se cierre.

La motivación inicial para ingresar a tratamiento a las mujeres puede ser un motivo asociado a otros: hijos, pareja. Un motivo real y verdadero es que el tratar su adicción está asociado a ser mejor madre, mejor esposa, mejor hija, etc.

Confiamos en que a medida que el proceso terapéutico y, con ello, la profundización en las problemáticas personales, la motivación de la mujer va transformándose en personal.

En una segunda etapa del proceso, es necesario fomentar la toma de decisiones y la resolución de conflictos, para ayudar a estructurar su vida cotidiana y a afrontar problemáticas de relación.

El poder desarrollar una visión de sí misma más positiva, dónde ella se aprenda a identificar por sus logros y características positivas por sobre las negativas.  El que aprenda a desarrollar una imagen personal más cercana a la realidad y la certeza de que no es víctima de las circunstancias, sino protagonista de lo que le acontece, fomenta el desarrollo de una autoestima sana.

Sleeping with bottle

Continuara…

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